Mi primer gran viaje. Relatos viajeros en Cracovia y Berlín

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Luego de conocer varias almas artísticas, conseguí el impulso que necesitaba para empezar a escribir. No sólo me contacté con el blog para contarles sobre mi primer gran viaje, sino que creo que la escritura es una de las más bellas formas de expresión. Entonces, si me encanta leer, ¿Por qué no intentar escribir?

Es cierto que la inspiración golpea cuando no estamos preparados para escribir. Los mejores pensamientos se plasmaron en servilletas, mapas, folletos, recibos, nunca en un cuaderno, nunca en un Word. Pero, vamos a intentarlo.

Ahora estoy en un café en Cracovia, Polonia. ¿Qué recomiendo hacer en esta ciudad?

Cracovia y Berlín

Bueno, para comenzar, conocer el centro histórico.

La Iglesia, las murallas, la plaza principal (la más grande de Europa, cuya superficie se asemeja a la base de las pirámides egipcias).

Luego, como consejo general para Europa y, sobre todo, si la visitamos en verano, averiguar la agenda cultural.

Por ejemplo, tengo la suerte de estar acá hoy, 23 de junio, que se festeja WIANKI, un gran festival con 11 escenarios que culminará con un show de fuegos artificiales.

Hacer turismo, y disfrutar de nuestras vacaciones, es una actividad muy personal. Todos disfrutamos de distintas cosas de manera muy heterogénea. Hay quienes se interesan en la historia del lugar y hay quienes lo hacen en el presente y en el futuro de él.

Hay quienes disfrutan de caminar 10 horas por día y hay quienes con un ratito están satisfechos. Hay quienes disfrutan la gastronomía local, el idioma, conocer la gente. En fin, hay infinitas formas de viajar.

Cuando viajamos solos nos encontramos constantemente frente a la pregunta: ¿Qué quiero hacer hoy? Créanme, es una pregunta difícil. Muy difícil.

Así fue cómo descubrí que lo verdaderamente único de viajar, no es conocer lugares nuevos, gente nueva, tener experiencias nuevas, sino auto conocerse.

En Argentina, puede que estemos acostumbrados a eso, el psicoanálisis es una práctica muy común para nosotros, constantemente nos preguntamos qué es lo mejor para nosotros. Otras culturas no tienen esa autocrítica constante, ese egocentrismo.

Lo que me gustaría compartir con ustedes es la reflexión por la que pasé recientemente; Si quería o no visitar un campo de concentración.

Cuándo reservé el vuelo a Cracovia y busqué en los miles de blogs “Que hacer en Cracovia en cuatro días”; todos recomendaban visitar Auschwitz. Lo di por sentado. La curiosidad, el morbo, la oportunidad, fueron móviles que me llevaron a decidir ir.

Entonces, ¿Cómo es que cambié de opinión? Bueno, recientemente estuve en Berlín. Ciudad marcada por las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra Fría. Visité un par de museos, aunque no centré mi visita en la historia de la ciudad.

Cracovia y Berlín

En mi autoconocimiento como turista descubrí que prefiero otras actividades; visitar los lagos de Berlín (Schlachtensee y Krumme lanke por ejemplo), andar en bici por el aeropuerto abandonado de Tehmplehof, escuchar conciertos (los martes al mediodía hay conciertos gratuitos en el hall de la filarmónica de Berlín, también hay que estar atento al Open Air Konzert Staatsoper für alle).

Tomar una cerveza al lado del río, ver partidos del mundial y comer kebab, fueron las joyas de mi estadía.

Mi primer gran viaje

De los museos que sí visité, el museo del Holocausto y la galería subterránea, debajo del monumento a los judíos asesinados en la Segunda Guerra Mundial, aprendí que empatizo mucho con los horrores del genocidio judío. Por lo tanto, surge la pregunta: ¿Voy a disfrutar de ir a Auschwitz?

No sólo iba a estar en uno de los lugares donde pasaron cosas espantosas, sino que lo iba a vivir como una atracción turística. Y si hay algo que no me gusta, son los turistas (una contradicción en sí misma, ya que yo no soy otra cosa que una turista).

La marea de turistas les quita la esencia a los lugares. Su entidad. Y, cómo ya expliqué, cada turista vive su experiencia como quiere. Por más que respete eso, no es ajeno al ser humano criticar y juzgar a aquel que no elije lo mismo que uno, aquello que, claramente, cada uno considera cómo la mejor opción.

Compartir visitas a museos con gente que sólo se saca selfies, se ríe y banaliza situaciones extremas no es de mi agrado. Lo intento evitar.

Me imaginó en Auschwitz, llorando, con gente sacándose selfies y me río de la ridiculez de la escena. Mucha gente dirá que todos debemos ir a un campo de concentración en la vida. Yo digo que cada uno tiene que reflexionarlo. Por mi parte, ya visité la ESMA, acompañada de mi familia. Creo que con eso cumplí la cuota. Por lo menos por ahora.

Mi primer gran viaje

Maite Fernández Zúñiga

Acá termina mi primer gran viaje. Si estás planeando uno vos, te recomendamos que leas Cómo organizar mi primer viaje a Europa.

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