Visitar el Mauritshuis suele estar asociado automáticamente a La joven de la perla. Y sí, verla en persona es una experiencia inolvidable. Pero lo que muchos no saben es que este museo guarda algunas de las obras más importantes del Siglo de Oro neerlandés. En esta guía te contamos qué ver en el Mauritshuis además de La joven de la perla, para que aproveches la visita al máximo y no te quedes solo con “la foto obligada”.
El Mauritshuis se encuentra en el centro de La Haya, una ciudad a la que podés llegar fácilmente en tren desde Ámsterdam en menos de una hora.
Es una excursión ideal para hacer en el día y combinar cultura, arquitectura y paseo por los canales. En nuestra guía sobre La Haya te explicamos cómo organizar la visita paso a paso.
- Para completar la experiencia, una gran idea es combinar la visita al museo con un Free Tour por La Haya, ideal para recorrer la ciudad y sumar contexto histórico antes o después del Mauritshuis.
Información práctica del Mauritshuis
- Dirección: Plein 29, 2511 CS, La Haya
- Horarios: Lunes: 13:00 – 18:00; Martes a domingo: 10:00 – 18:00
- Entrada general: €21
- Descuentos: jóvenes hasta 18 años gratis y estudiantes con descuento.
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Extras: entradas combinadas disponibles; válido con Museumkaart. También podés combinar la entrada al Mauritshuis con la Galería del Príncipe Guillermo V (cerrada los lunes).
Qué ver en el Mauritshuis – 10 obras imperdibles (además de La joven de la perla)
El Mauritshuis funciona en un antiguo palacio del siglo XVII, construido como residencia de Johan Maurits de Nassau, gobernador de las colonias neerlandesas en Brasil, (literalmente «la casa de Mauricio»).
Su arquitectura sobria y elegante, con salas luminosas, es el entorno ideal para la pintura.
Esa escala casi doméstica es parte del encanto del museo y una de las razones por las que la visita se disfruta tanto.

Una vez adentro, la colección se centra principalmente en el Siglo de Oro neerlandés, un período de enorme prosperidad cultural en los Países Bajos.
A diferencia de otros museos más extensos, el Mauritshuis propone un recorrido breve pero intenso, con retratos, escenas cotidianas y paisajes cargados de simbolismo.
Para orientarte, seleccionamos 10 obras imprescindibles (además de La joven de la perla).
No es un ranking ni una lista definitiva, pero estas piezas te permitirán entender por qué el museo es uno de los más importantes de los Países Bajos.
1. Vista de Delft — Johannes Vermeer (imperdible que ver en el Mauritshuis)
Además de La joven de la perla, el Mauritshuis conserva otra obra clave de Johannes Vermeer: Vista de Delft.
Es uno de los paisajes urbanos más famosos de la historia del arte.
La pintura muestra la ciudad de Delft vista desde el puerto, con una luz suave y una calma que atrapa.
No es una escena espectacular, pero justamente ahí está su fuerza: Vermeer convierte un momento cotidiano en algo inolvidable.

Es una obra ideal para tomarse unos minutos y observar los detalles, cómo entra la luz y cómo se organiza la ciudad en el paisaje.
👉 Mirala de lejos primero y después acercate a ver todos los detalles.
2. Joven comiendo ostras — Jan Steen
Esta obra de Jan Steen es un gran ejemplo de la pintura neerlandesa del día a día, con humor y mensaje incluido.
A simple vista parece una escena sencilla: una joven comiendo ostras. Pero en el Siglo de Oro neerlandés, las ostras estaban cargadas de simbolismo y solían asociarse al deseo y a la seducción.
Jan Steen era famoso por este tipo de escenas aparentemente inocentes, pero llenas de dobles lecturas.
Es una pintura ideal para entender cómo estos artistas usaban situaciones cotidianas para hablar de moral, costumbres y excesos, siempre con un toque irónico.
👉 Fijate en la expresión del personaje y los detalles: nada está puesto al azar, todo está pensado para mirar de cerca.
3. Naturaleza muerta con quesos, almendras y pretzels — Clara Peeters
Las naturalezas muertas también tienen su lugar fuerte en el Mauritshuis, y esta obra de Clara Peeters es una de las más destacadas.
A primera vista vas a ver una mesa con alimentos y objetos cotidianos, pintados con un nivel de detalle impresionante. Pero lo interesante es que Peeters fue una de las pocas mujeres pintoras reconocidas de su época, y muchas veces se autorretrataba de forma sutil en reflejos de copas o utensilios metálicos.

Es una obra ideal para frenar un poco el paso y mirar de cerca: texturas, brillos y pequeños gestos que muestran el virtuosismo técnico del Siglo de Oro.
👉 Acercate a los objetos metálicos y buscá los reflejos… ahí suele esconderse la firma de la artista.
4. El jilguero — Carel Fabritius (otro imprescindible que ver en el Mauritshuis)
Pequeña en tamaño, enorme en impacto. El jilguero de Carel Fabritius es una de esas obras que te obligan a acercarte.
Solo vemos un pájaro atado a su soporte, sobre un fondo claro. Nada más. Pero la forma en que está pintado, la luz y la sensación de volumen hacen que parezca casi real, como si pudiera salir volando en cualquier momento.

Fabritius fue alumno de Rembrandt y murió muy joven en una explosión en Delft, lo que hace que sus obras sean aún más valiosas.
Esta pintura es un ejemplo perfecto de cómo algo simple puede ser completamente hipnótico. Una de las obras más lindas que ver en el Mauritshuis.
👉 Mirala de cerca y después alejate unos pasos: cambia muchísimo la sensación.
5. Escena invernal — Hendrick Avercamp
Las escenas de invierno eran muy populares en los Países Bajos, y Hendrick Avercamp fue uno de sus grandes maestros.
En esta pintura se ve a la gente patinando sobre canales congelados, charlando, jugando y moviéndose como si fuera una postal cotidiana.
Avercamp tenía un talento especial para llenar la escena de pequeños personajes y detalles, que invitan a mirar la obra con calma.
Es ideal para entender cómo era la vida social en el siglo XVII y cómo el paisaje, el clima y las costumbres se mezclan en una misma imagen.
👉 Mirá la obra como si fuera un “¿Dónde está Wally?” artístico: siempre aparece algo nuevo.
6. Florero con flores — Ambrosius Bosschaert el Viejo
Este florero de Ambrosius Bosschaert el Viejo es un gran ejemplo de las naturalezas muertas florales del Siglo de Oro neerlandés.
A simple vista parece un ramo decorativo, pero en realidad cada flor está pintada con una precisión increíble y muchas de ellas ni siquiera florecen en la misma estación, algo muy típico de este tipo de obras.
Nada es casual: estas pinturas hablaban del paso del tiempo, la belleza y lo efímero.

Es una obra perfecta para detenerse y mirar con atención los colores, las texturas y los pequeños detalles escondidos entre los pétalos.
👉 Acercate y fijate en cómo cada flor parece casi independiente, como si fuera un retrato propio.
7. La proposición — Judith Leyster
Esta obra de Judith Leyster es una de las grandes sorpresas del Mauritshuis.
La escena muestra a una joven concentrada en su trabajo mientras un hombre intenta llamar su atención ofreciéndole dinero.
A diferencia de muchas pinturas de la época, acá no hay coqueteo ni complicidad: la mujer ignora claramente la propuesta. Leyster rompe con los estereotipos habituales y plantea una escena mucho más directa y moderna.

Es una pintura pequeña pero potente, ideal para entender cómo algunas artistas del Siglo de Oro tenían miradas distintas sobre la vida cotidiana y el rol de la mujer.
👉 Mirá el contraste entre la actitud de los personajes: ahí está toda la tensión de la obra.
8. La lección de anatomía del Dr. Tulp — Rembrandt (otro imperdible que ver en el Mauritshuis)
Una obra imprescindible de Rembrandt, esta pintura captura un momento de la medicina del siglo XVII.
En ella, el Dr. Tulp explica a otros médicos cómo funciona el cuerpo humano mientras realizan una disección.
Lo impresionante es cómo Rembrandt combina realismo, dramatismo y composición, logrando que cada figura tenga su propia expresión y carácter. Es una obra imprescindible que ver en el Mauritshuis.

👉 Fijate en los detalles anatómicos y en cómo la luz dirige tu mirada hacia el brazo del cadáver y el gesto del doctor.
9. Niño sonriente — Frans Hals
Una de las obras más entrañables de Frans Hals, este retrato destaca por la vitalidad y espontaneidad que Hals logra capturar en sus personajes.
No es un retrato sino un tronie, ejercicios que hacían los artistas para plasmar las expresiones y gestos de los personajes.

En este caso, el niño parece mirar directamente al espectador, con una sonrisa llena de vida, mostrando el virtuosismo del artista en retratar la alegría y naturalidad humanas de forma espontánea con unas pocas pinceladas rápidas.
👉 Observá la pincelada suelta y cómo Hals usa la luz para dar volumen y carácter al rostro.
10. El toro — Paulus Potter
Otro clásico del Siglo de Oro neerlandés, El toro destaca por su impresionante realismo y el detalle casi fotográfico con el que Paulus Potter retrata la anatomía del animal.

La pintura no solo muestra un toro, sino que también nos cuenta cómo era la vida rural y la conexión con la naturaleza en los Países Bajos del siglo XVII.
Potter representó a un animal de granja común a una escala impresionante, algo inédito hasta entonces.
La fuerza, el tamaño y la presencia del animal hacen que la obra sea imponente incluso en un espacio relativamente pequeño.
👉 Fijate en la diferencia de tamaño entre el toro y la iglesia al fondo que acentúa aún más su presencia, creando un efecto dramático que combina majestuosidad y realismo.
Extra que ver en el Mauritshuis: La joven de la perla — Johannes Vermeer
Y, por supuesto, no podía faltar la obra que hizo famoso al Mauritshuis. Aunque la hayas visto en mil fotos, verla en persona es otra experiencia.

Este tronie es el más famoso de la pintura neerlandesa y por eso también se lo llama “la Mona Lisa de los Países Bajos”.
Vermeer juega con el contraste entre el turbante azul —hecho con el costoso pigmento lapislázuli— y el amarillo del vestido, haciendo que cada segundo frente al cuadro valga la pena.
Con apenas unos trazos logra que la perla del pendiente brille, los labios entreabiertos parezcan húmedos, la luz acaricie su rostro… y, sobre todo, que la mirada de la joven te atrape sin que puedas despegar los ojos.
Obviamente uno de los imperdibles que ver en el Mauritshuis.
👉 Tomate tu tiempo para admirar la sutileza de los detalles y la textura de la pintura; es un clásico que justifica por sí solo la visita al museo.
Visitar el Mauritshuis es mucho más que ver La joven de la perla: es adentrarse en un universo de detalles, historias y talento del Siglo de Oro neerlandés.
Con esta selección de obras, vas a poder recorrer el museo con calma, apreciar la maestría de sus artistas y descubrir pequeñas joyas que muchas veces pasan desapercibidas.
No te olvides de disfrutar del palacio, del entorno a orillas del canal y, si podés, combinar la visita con un paseo por La Haya para completar la experiencia cultural.
¡Cada cuadro tiene su historia, y en el Mauritshuis es imposible no quedarse mirando!
Estos son los imperdibles que ver en el Mauritshuis, si querés seguir recorriendo museos podés ver.
Qué ver en el Mauritshuis – algunos tours imperdibles en La Haya



