El sur de Italia está lleno de pueblitos y rincones donde el paisaje parece sacado de una postal: aguas cálidas y cristalinas, acantilados, pueblos blancos y una vida que transcurre sin apuro. Las Islas Eolias, Lipari y Vulcano, combinan ese mar azul intenso con una fuerte impronta cultural y volcánica que las vuelve únicas.
Las Islas Eolias
Las Islas Eolias —o Eólicas— se encuentran en el mar Tirreno, frente a la costa norte de Sicilia.
Forman un archipiélago volcánico compuesto por siete islas principales: Lipari, Alicudi, Filicudi, Panarea, Salina, Stromboli y Vulcano.
Cada una tiene su personalidad, pero todas comparten el mismo hilo conductor: paisajes volcánicos, pueblos pequeños, playas distintas a las del resto de Italia y una sensación constante de estar lejos del mundo.
¿Cómo llegar a las Islas Eolias?
Hay distintas formas de llegar, según el tiempo que tengas y el tipo de viaje que estés armando.
Una opción es hacer una excursión de un día en barco desde Sicilia o Calabria, que suele incluir paradas en Lipari y Vulcano. Es ideal si tenés pocos días y querés una primera impresión del archipiélago.

Si tenés más tiempo, lo mejor es moverte en ferry y elegir qué islas recorrer a tu ritmo.
Desde Sicilia, el principal punto de salida es el puerto de Milazzo, aunque también hay conexiones desde Messina, Palermo y Cefalú.
Milazzo
Si salís desde Milazzo, vale mucho la pena dedicarle unas horas antes de embarcar.
La ciudad se extiende sobre una península y, llegando al extremo, las vistas al mar son espectaculares.

En el centro histórico podés recorrer la Cittadella fortificada, ubicada en una zona elevada. Ahí se encuentra el castillo —con orígenes que se remontan a más de 5.000 años— rodeado de murallas.
Muy cerca están también la catedral y, casi al final del recorrido, la Chiesa di San Antonio, una capilla pequeña y encantadora con vistas al mar.
Las Islas Eolias: Lipari, Vulcano y Stromboli
Dentro del archipiélago, Lipari y Vulcano son las más visitadas y las más fáciles de combinar en un mismo viaje. Stromboli, en cambio, suma una experiencia distinta gracias a su volcán activo.
Lipari
Lipari es la isla más grande y la más poblada, tanto que muchas veces al archipiélago entero se lo conoce como Islas Lipari.
Su centro histórico se encuentra entre Marina Lunga y Marina Corta, el punto donde llegan y salen los ferries.
Apenas bajás del barco, ya estás en pleno casco histórico: callecitas tranquilas, negocios de cerámica esmaltada típica de la región, bares y restaurantes. Muy cerca del puerto están el castillo de Lipari y la catedral, que se visitan fácilmente caminando.
Recorridos por la isla
Para ver algo más que la zona del puerto, lo más práctico es contratar un taxi y acordar un recorrido por los puntos principales.
Uno de los imperdibles es el Belvedere Quattrocchi, desde donde se obtiene una vista increíble de la Spiaggia Valle Muria y los farallones que emergen del mar Tirreno.
Desde la zona de Quattropani también se tienen vistas hacia otras islas del archipiélago, como Salina, Filicudi, Panarea y hasta Stromboli en días despejados.
Lipari tiene playas muy distintas entre sí: la Spiaggia Acquacalda, de arena negra volcánica, y las playas blancas formadas por piedra pómez. Todavía se puede ver la antigua cantera de piedra pómez (cava di pomice), que fue durante años el motor económico de la isla.

De regreso al puerto, la bahía de Canneto Monte Rosa regala una de las postales más lindas del pueblo.
Un curioso litigio entre islas
Lipari y su vecina Salina mantienen una histórica disputa por la Denominación de Origen Protegida (DOP) de las alcaparras, uno de los productos más famosos de las Eolias.
Más allá de la polémica, no te vayas sin probarlas. Y si tenés la oportunidad, acompañalas con una copa de Malvasía, el vino dulce y licoroso típico de la isla.
Vulcano
Antes de llegar al Porto di Levante, el cráter del volcán ya se hace visible y marca el carácter de la isla.
Según la mitología romana, este era el lugar donde el dios Vulcano tenía su fragua.
Uno de los primeros paseos es caminar por la costanera hasta el Laghetto di Fanghi, donde se encuentran las famosas termas de lodo caliente. Es un spa natural al aire libre, muy concurrido por quienes buscan los beneficios terapéuticos del barro volcánico.

El olor a azufre es intenso —sobre todo cerca de las fumarolas—, pero al rato te acostumbrás. Incluso, al entrar al mar, se pueden ver pequeñas burbujas de gas y zonas donde la arena está caliente.
Las piletas de lodo están rodeadas por formaciones rocosas verticales esculpidas por el viento, conocidas como faraglioni, similares a las que se ven en el Valle de los Monstruos, con piedras de formas curiosas.

Otro atractivo es la Fossa di Vulcano, el cráter principal, ubicado a 391 metros de altura. Se puede subir caminando o en auto.
Y si preferís algo más relajado, siempre queda la opción de quedarte en la playa disfrutando de una ensalada de frutos de mar con una cerveza fría.
Stromboli
Además de Lipari y Vulcano, Stromboli es la isla más impactante desde el punto de vista natural. Su volcán sigue activo y es posible hacer excursiones nocturnas para ver las erupciones en vivo, una experiencia única.
La isla también es conocida por la película Stromboli, protagonizada por Ingrid Bergman y dirigida por Roberto Rossellini, un clásico del neorrealismo italiano. Muchos habitantes participaron en el rodaje, que recrea la evacuación tras una erupción volcánica.
Después de recorrer las Islas Eolias, podés regresar a Milazzo para disfrutar de un paseo tranquilo por la costanera y cerrar el día con una buena pasta siciliana.
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